Historia de la interpretación

El pasado día 20 celebramos el cumpleaños de la interpretación simultánea, nacida en 1945 con los juicios de Núremberg. Como tengo bastante abandonado el blog y me pareció una fecha importante que conmemorar, he decidido rescatar apuntes y bibliografía y hacer un pequeño repaso de la historia de la interpretación (no solo simultánea) desde su más lejano origen.

Según dicen por ahí, la interpretación es la segunda profesión más antigua del mundo. Siempre me habían hablado de la Conferencia de Paz de París o de los Juicios de Núremberg para referirse a los comienzos de la interpretación, pero hay mucho más en los siglos anteriores que se suele pasar por alto, por eso quiero centrarme especialmente en los inicios de la profesión, aunque no por ello voy a obviar otros hitos de la historia de la interpretación mucho más conocidos.

Para ello voy a utilizar diferentes fuentes, tanto en papel como digitales. Me llaman especialmente la atención la obra de Baigorri, La interpretación de conferencias: el nacimiento de una profesión y el Manual de interpretación bilateral de Ángela Collados, en el que me voy a basar para establecer la línea cronológica. También son especialmente relevantes las reflexiones de María Luisa Romana sobre la historia y teoría de la traducción.

Una de las partes más interesantes, o al menos para mí,  es la búsqueda de referencias al intérprete en obras antiguas, como la Anábasis de Jenofonte, Historia de Herodoto, la Guerra de Jugurta  de Salustio Crispo o incluso la Biblia. También llaman mucho mi atención las notas de Catelli y Gargantagli en El tabaco que fumaba Plinio: escenas de la traducción en España y América: relatos, leyes y reflexiones sobre los otros.

Entre otras publicaciones, consultaré también las de Bowen, Gómez Pantoja o Lépinette y Melero.

EGIPTO. PRIMEROS TESTIMONIOS GRÁFICOS DE LA PROFESIÓN

La actividad traductora entre grupos sociales de lenguas diferentes se ha producido a lo largo de la historia cada vez que han surgido problemas de comunicación.  Esta actividad ha ido de la mano de un esfuerzo por organizarla de manera oficial. El mito dela Torrede Babel es el símbolo por excelencia de esta situación.

Las circunstancias que han rodeado a la interpretación son muy variadas: religiosas, militares, diplomáticas, comerciales, administrativas, culturales, etc.

Los primeros testimonios escritos de la existencia de intérpretes aparecen en el tercer milenio a.C., concretamente en Egipto, en una necrópolis de cuarenta tumbas de la VI Dinastía (2340 a.C.). Se trata de los monumentos funerarios de los príncipes de Alefantina. Las inscripciones de estas tumbas se refieren a las relaciones diplomáticas y comerciales de estos príncipes con el pueblo nubio, asentado en los territorios del sur.

En Qubbet el-Hawa existen tres tumbas cuyo propietario tiene como nombre Heqaib. Este poseía los títulos de “Jefe del ejército”, “Jefe de los intérpretes”, “Escriba de la pirámide de Neferkara” y “Cabeza de los países extranjeros”. Otro de los títulos encontrados en estas tumbas, entre ellas las de An-Anket o Harkhuf, es el de “Superior de todos los intérpretes”. Esto demuestra que la interpretación no es algo reciente, sino que siempre ha habido una gran necesidad de contar con mediadores lingüísticos en los procesos de comunicación entre diferentes culturas.

El primer documento gráfico de la figura del intérprete se conserva también en Egipto, concretamente en la tumba del general Horembeh, que se encuentra en Saqqara. Podemos ver un friso del año 1350 a.C. en el que se representa a un intérprete en su labor como mediador entre este jefe militar de Tutankamón y los emisarios libios y asirios. El relieve, aunque no se puede apreciar bien en la fotografía, muestra en la parte izquierda a la reina y a Tutankamón. El general Horemheb, de menor tamaño que el faraón, ejerce como intermediario entre el faraón y el intérprete, al cual podemos ver en el centro. La figura del mediador es todavía más pequeña, lo cual simboliza un rango inferior al del faraón y al del general. La imagen del intérprete es muy gráfica, ya que se le representa desdoblado, hablando por un lado con los emisarios y transmitiendo, por otro, el mensaje al general Horemheb para que este pueda comunicárselo a Tutankamón.

Otro ejemplo gráfico de la interpretación en Egipto es un cartucho en el que se puede ver

dos veces un hombre, una soga enrollada, un barco de pesca y un brazo estirado. Esta duplicidad simboliza al intérprete, que recibe la información en una lengua y la transmite en otra. La función de “jefe de los intérpretes” se transmitía de padres a hijos.

Los documentos de la época hablan de personas que ofrecían sus servicios lingüísticos y gozaban de una posición de cierta importancia en la escala social. Gozaban de gran estima y acompañaban a los gobernantes en sus negociaciones diplomáticas y comerciales, así como en sus campañas bélicas. En ocasiones, la ocupación de los intérpretes y traductores podía superar los límites estrictos de los objetivos militares y asumir un carácter diplomático o económico, según las circunstancias. El comercio y la necesidad de un enlace a la hora de mediar en los procesos de comunicación internacional fueron los impulsores de esta profesión.

 

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